“EL PADRINO. PARTE III”, LA SECUELA MALDITA

A finales de 1990, se esperaba con ansia el estreno de la tercera parte de “El Padrino”. Con Paramount respaldando nuevamente el proyecto, y con Francis Ford Coppola repitiendo en las tareas de dirección y guion, junto al autor de la novela original, Mario Puzo. Todo estaba preparado para contemplar una nueva obra maestra del cine, a la altura de las dos primeras entregas, ganadoras ambas del Oscar a la mejor película.

Escena de "El Padrino. Parte III"

Sin embargo, y contra todo pronóstico, la decepción fue la nota predominante tras su estreno y la cinta no obtuvo la aclamación esperada. Más bien, todo lo contrario. Los más radicales, incluso, llegaron a calificarla de “insulto”.

Pero, ¿de verdad esta última entrega de la saga mafiosa es tan mala como se dice?¿O es, quizá, una gran película infravalorada por las altísimas expectativas que se habían puesto sobre ella?

EL ORIGEN DE “EL PADRINO III”

Tras el éxito de las dos primeras partes, Paramount se apresuró en rodar una tercera entrega de los avatares de la familia Corleone, pero Coppola se negó rotundamente. Consideraba que la historia se había cerrado con el final de la segunda parte y prefirió enfocar su atención en otros proyectos.

Francis Ford Coppola durante el rodaje de

“Apocalipse Now” volvió a significar otro gran triunfo en la carrera del director italoamericano, quien, convencido de sus posibilidades, se adentró en la filmación de películas mucho más personales. El estreno en 1982 de “Corazonada”, un onírico musical que fue un auténtico descalabro comercial y que puso en serio peligro a Zoetrope Studios, la compañía que el propio Coppola y George Lucas habían creado en 1969.

Esa crisis financiera obligó al director a aceptar filmar películas de encargo como “Rebeldes” o “Peggy Sue se casó”, que socavaron su prestigio forjado a lo largo de la década de los 70. En ese momento, Paramount Pictures recuperó la idea de una nueva entrega de “El Padrino” y, ahogado por su situación financiera, esta vez sí, Coppola dio su visto bueno.

EL GUION

Tanto Coppola como Puzzo no consideraban este nuevo capítulo de “El Padrino” como una secuela al uso, sino como el epílogo de la vida de Michael Corleone.

El film debía mostrar a un protagonista cansado, herido por la soledad y los remordimientos, en busca de la expiación de sus pecados. De hecho, el título que Coppola barajaba para el film era “La muerte de Michael Corleone”, algo a lo que Paramount se opuso radicalmente.

Escena de "El Padrino. Parte III"

Durante seis largos meses se embarcaron en la tarea de crear un tratamiento entorno a esta idea, pero las fechas para la producción establecidas por el estudio les obligó a disponer de sólo mes y medio para desarrollar un guion que llegó inacabado al set de rodaje.

EL REPARTO

Una vez más, Coppola contó con parte del elenco original para esta nueva entrega. Al Pacino recuperaba a Michael Corelone, en una versión ajada del personaje. Talia Shire, la hermana del director, repetía como Conny, la hermana del protagonista y Diane Keaton retomaba a Kay Adams, el gran amor de Michael.

Andy García en

A ellos se le añadieron otros nombres como los de Eli Wallach, Andy García y Sofia Coppola, la hija del director, sustituta de última hora de Winona Rider, la elegida originalmente para el papel de Mary, la hija de Michael y Kay. La gran ausencia fue la de Robert Duvall, que rehusó participar en el film por cuestiones económicas, provocando dramáticos cambios en el ya de por sí, accidentado libreto.

LA HISTORIA

El argumento de esta tercera entrega es completamente inédito, ya que lo descrito no aparece en la novela de Mario Puzo. El guion se formó entorno a ciertos hechos reales como el asesinato de Juan Pablo I o el escándalo del Banco Vaticano.

Escena de "El Padrino. Parte III"

“El Padrino III”  arranca en 1979, con Michael Corleone al frente de los negocios de la Familia, pero con la clara determinación de legitimar su imperio con sus donaciones a la Iglesia Católica. Michael muestra su interés en la gran compañía Internacional Immobiliare, pero el acuerdo con la Santa Sede se topa con las reticencias de varios miembros relevantes en la cúpula de la Iglesia, y a su vez, con la intromisión de las distintas familias mafiosas que pretenden sacar tajada del negocio, desembocando en una nueva guerra entre las distintas familias mafiosas que rematará en un épico final.

LO MEJOR

Por encima de todo, lo más destacable de esta película es la buena mano de Coppola en la dirección de actores, ya que la mayoría de ellos alcanzan un altísimo nivel interpretativo. Empezando por un inconmensurable Al Pacino.

El actor recrea a un Michael cansado, agotado y herido interiormente. Un personaje más humano, que carga con el peso de la culpa y busca el perdón Divino legalizando sus negocios y haciendo tratos con la Iglesia Católica. Pacino, auténtico pilar sobre el que descansa toda la saga de “El Padrino”, nos regala auténticos momentos de gran cine, como la escena de la confesión, el traspaso de poderes a su sobrino Vincent o el clímax de la película, capaz de dejar boquiabierto a cualquier aficionado al Séptimo Arte.

Escena de "El Padrino. Parte III"

No menos imponente es el trabajo de Diane Keaton. La actriz muestra a una Kay en una lucha interior entre el desprecio que siente hacia el padre de sus hijos y la comprensión hacia el hombre que no pudo evitar su destino.

Andy García, Vincent, el hijo ilegítimo del hermano mayor de Michael, Sonny, es la gran sorpresa de la cinta. El actor cubano crea un personaje impulsivo, arrogante y seductor, fiel reflejo de su padre, cuya intensidad irá siendo conducida por Michael hasta convertirlo en eeredero del imperio.

LO MENOS BUENO

Uno de los aspectos más criticados por parte de los seguidores de la trilogía es la interpretación de Sofia Coppola, en el papel de Mary, la hija del Don.

Es verdad que la ahora directora no sabe aportar vida a su personaje, pero mucho más grave, y que afecta sobremanera al resultado final de “El Padrino. Parte III” es la ausencia de Tom Hagen, el consigliere de Michael, interpretado en las dos primeras películas por Robert Duvall. Su ausencia deja una sensación de vacío que Coppola no fue capaz de subsanar. En su lugar, el director se inventó el personaje de B.J. Harrison , interpretado por George Hamilton, que apenas tiene relevancia en el film.

Escena de "El Padrino. Parte III"

También es achacable cierta repetición en la estructura de la película. Sobre todo, con la primera entrega. Todo vuelve a iniciarse con una celebración en la que se presentan a los personajes y los conflictos. Hay un asesinato que desencadena una venganza. Un viaje a Sicilia y un desenlace trágico en el que, a través de un brillante montaje, se entrelazan distintas acciones. En este aspecto, Coppola adolece de frescura para ofrecer algo nuevo y sorprendente.

Por último, hay que volver a hacer hincapié en el tema del guion. Tal vez por la premura de tiempo, que hizo imposible pulir todos los detalles del libreto, la historia no termina de ser del todo perfecta. Y eso se nota, particularmente, en la parte verídica de la historia. Todo lo referente al Vaticano se nota artificial y poco desmenuzado. Además, las motivaciones de los personajes están tan ligados a las dos partes anteriores que si no se han visto con anterioridad, muchos de los aspectos del film pueden llegar a no entenderse.

A pesar de todo ello, “El Padrino. Parte III” puede ser considerada como una grandísima película. Quizá no a la altura de sus predecesoras, pero, en sí misma, es un gran film.

Maximiliano J. Díaz