Es frecuente malinterpretar lo que significa la lucha feminista. El feminismo se trata de un movimiento social que lucha por el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos para la mujer que han estado, y en muchos casos están, reservados para los hombres. El feminismo lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos sociales y de la vida, ni más ni menos.

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Yo misma he trabajado para un ayuntamiento subcontratada por una empresa privada dónde, realizando el mismo trabajo que otro compañero hombre y teniendo exactamente las mismas condiciones laborales, yo o mi compañera cobrabamos menos. ¿Y si te digo que mi trabajo era en Servicios Sociales como te quedas? Yo, avergonzada totalmente. Terminé dejando aquel trabajo, el trato era lamentable.

La discriminación que sufren miles de mujeres en todo el mundo, lejos de ser un hecho histórico que poco a poco ha ido cambiando por su incorporación al sistema educativo y al mercado laboral, sigue muy presente. La falta de visibilidad femenina es un problema que provoca serios prejuicios sobre las capacidades de las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad o recibir galardones por su trabajo. ¿Sabías que la última edición de los premios Nobel reconoció la labor de siete científicos, dos economistas, un político y un músico y ninguno de ellos era una mujer?.De escándalo.

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El techo de cristal, que yo creo más bien que es de hormigón, es una metáfora que alude a las barreras invisibles que encuentran las mujeres a la hora de abrirse paso en su carrera profesional. Se relaciona con el número de personas que hay en cada empresa en función del género, el diferente salario que perciben según el sexo y las diferencias para ir escalando a nivel profesional dependiendo de si eres un hombre o una mujer.

Estas barreras no desaparecen por sí solas y esa invisibilidad generalizada del techo de cristal así como del resto de abusos e injusticias a las mujeres provoca que sea muy difícil explicar su existencia.

Hace bien poco dimitía la responsable de la BBC en China por la brecha salarial con los hombres. Carrie Gracie busca que la cadena pública “pague de forma igualitaria”. “No estoy pidiendo más dinero. Creo que estoy muy bien pagada ya, especialmente siendo una trabajadora de una organización financiada públicamente. Simplemente quiero que la BBC acate la ley y valore a los hombres y las mujeres por igual”, reivindicó la periodista.

Esta injusticia se une al acoso que a menudo sufren las mujeres. La violencia de género que no frena. El machismo que todavía reina en cada rincón del mundo… ¿No crees disparatado que cuando un hombre maltrata a una mujer sea esta la que tiene que esconderse en una casa de acogida? ¿Eso es proteger de verdad, que la víctima tenga que esconderse? Con todos mis respetos, me parece que el mundo está al revés.

El año 2017 muchos lo califican como el año del nuevo despertar feminista, ya que una oleada feminista ha sacudido sus días. Hollywood rompió su silencio contra el acoso y el mundo entero se contagió de ese estallido contra el machismo normalizado. Famosas han sido las marchas de mujeres antiTrump, en España el caso de ‘La Manada’ o el lema #juanaestáenmicasa despertaron conciencias. El pasado año la sororidad pasó a la acción.

 

 

Podemos tener dirijentes tan impresentables como Trump o tantos otros,  pero la posibilidad de una mujer como cabeza de Gobierno o de Estado sigue siendo remota en muchas partes del globo. Por ejemplo, en España ninguno de los dos grandes partidos han presentado jamás en su historia una candidata a presidenta del Gobierno, y los que se abanderan de nuevos tampoco. A mi me dice mucho de nuestra sociedad. Y luego tenemos el ejemplo de una vicepresidenta que es madre y a los pocos días se incorpora al trabajo y no se acoge a su baja de maternidad… ¿Buen ejemplo? En mi opinión, nefasto. Obviamente está en su derecho. Pero creo importante una cosa: si vamos consiguiendo derechos poco a poco en la sociedad, los cuales aún no están del todo normalizados ni bien vistos, creo importante que las personas visibles e influyentes no los pisoteen sino todo lo contrario.

Esta misma semana El presidente Mariano Rajoy hacía declaraciones lamentables sobre la desigualdad salarial entre hombres y mujeres: “No nos metamos ahora en eso” ¿Ah no? o “Los gobernantes debemos ser muy cautos a la hora de saber cuáles son nuestras competencias” ¿cautos o no hacer nada para cambiar esto?. Evidentemente sus palabras ya han levantado ampollas y se están gestando manifestaciones a favor de esta lucha, parece que el 8 de marzo será una de ellas.

Los datos saltan a la vista. A nivel mundial, menos del 23% de los parlamentarios del planeta son mujeres. Solo en Ruanda (56%), Andorra (50%), Cuba (49%) o Suecia (47%) las mujeres se acercan o sobrepasan la mitad de sus miembros electos, ¿Raro, no?

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En un contexto de tan evidente desigualdad, que lleva a que las mujeres continúen estando en una posición extremadamente frágil, no es de extrañar que continúen siendo habituales los abusos de poder, lo que conlleva abusos de todas las clases.

Creo que es evidente la estrecha conexión que existe entre las múltiples denuncias, que cada vez aparecen con mayor normalidad, sobre casos de acoso sexual en el mundo y el poder.  Sea cual sea el caso, todo análisis finaliza concluyendo que estamos ante una cuestión de poder:  la desigualdad entre hombres y mujeres genera relaciones enfermas, marcando la sociedad por el dominio masculino y la subordiscriminación femenina.

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Es esa la dimensión desde la que hay que analizar, valorar y trabajar para logar verdaderos cambios en la sociedad, al menos yo así lo veo.

 

María Lagares

Antik new concept. El espacio de los nuevos creadores