Logotipo de la productora CannonLa productora Cannon Films es sinónimo de nostalgia y buenos recuerdos para aquellos que pasamos muchas tardes de nuestra infancia rebuscando entre las estanterías de los videoclubs en busca de alguna película con la que matar el tiempo los fines de semana. Ofrecía producciones de bajo presupuesto, mala calidad y peor factura, pero eran la mejor vía de entretenimiento para cuando no había opción de alquilar una copia del estreno estrella del momento.

La Cannon fue una compañía independiente que soñó con ser grande pero que murió con la década de los 80, un tiempo breve, aunque suficiente, para dejar huella en la memoria de muchos de nosotros.

El origen de la compañía

La firma como tal arrancó su andadura en 1967 y se especializó en la producción de películas de muy bajo presupuesto que fueron estrenándose a lo largo de la década de los 70. Sin embargo, los constante problemas económicos obligaron a sus responsables a vender su criatura a Menahem Golan y Yoran Goblus, dos primos de origen israelí que fueron los impulsores del proyecto que todos conocimos posteriormente.

Cartel promocional de la película Golan y Goblus eran conocidos en su país de origen por ser los impulsores de “Polo de limón” un film de discutible gusto repleto de sexo post adolescente. Y justamente, el sexo se convirtió en la premisa fundamental de sus primeras producciones. Películas como La manzana”, “El último americano virgen” y sobretodo, Bolero”, un infumable drama erótico a mayor gloria de Bo Dereck y en la que participaba como secundaria la inclasificable Ana García Obregón, se convirtieron en señas de identidad de la compañía.

Paralelamente a tan distinguida carta de presentación, los socios trataron de reorientar su estrategia buscando un nuevo tipo de cine con el que atraer a los espectadores. Y rápidamente dieron con la solución.

Testosterona y adrenalina por doquier

En la época del presidente Ronald Reagan, Estados Unidos vivió una ola de patriotismo exacerbado que Golam y Globus aprovecharon para facturar infinidad de productos con los que satisfacer la pasión por las barras y estrellas del ciudadano de a pie. Charles Bronson, Chuck Norris y Michael Dudikoff o Jean-Claude Van Damme fueron los buques insignia de una serie de películas hiperviolentas, machistas y cargadas de un sorprendente tono fascistoide que fueron recibidas con entusiasmo por los espectadores.Yo soy la justicia, “El justiciero de la noche”, “Desaparecido en combate”, “Delta force”, “El guerrero americano”, Contacto sangriento”, “Kickboxer”… Películas de nefasta realización, pero que se alquilaban como churros en los videoclubs.

Películas de la Cannon

El éxito de sus cintas de acción hizo que proyecto de Cannon fuese creciendo vertiginosamente hasta alcanzar su culmen entre los años 1984 y 1986, cuando se convirtió en la compañía independiente mas importante del país. Su triunfo le posibilitó asociarse con la Metro Goldwyn Mayer para la producción de sus films y contratar a la gran figura de acción de la época, Sylvester Stallone que, a cambio de un jugoso contrato de 13 millones de dólares, rodó para ellos dos películas de desigual éxito, “Cobra” y “Yo, el halcón”.

También tuvieron tiempo para trasladar a la gran pantalla a los Masters del Universo, los muñecos de la compañía juguetera Mattel, en una muy pobre adaptación que pinchó en las taquillas, y para cargarse al superhéroe por antonomasia; la Cannon se ocupó, tras la negativa de Warner, a realizar la infame “Superman IV: en busca de la paz”, la puntilla definitiva a una saga que ya venía renqueante tras el mal recuerdo que dejó la tercera entrega.

Sin embargo, no todo fueron malas decisiones en la vida de esta compañía. Varias de sus producciones obtuvieronFotograma de el reconocimiento de la crítica y nominaciones en algunas categorías importantes de los Oscar. La más significativa fue, El tren del infierno, una enérgica cinta con Jon Voight y Eric Roberts a la cabeza que, basada en un guión del mismísimo Akira Kurosawa, contaba la historia de dos presos que huían de la cárcel a bordo de una descontrolada locomotora con la ayuda de Rebecca De Mornay. La cinta, obtuvo 3 nominaciones a los premios de la Academia, mejor actor (Voight), mejor actor secundario (Roberts) y montaje. La otra gran alegría fue “El reportero de la calle 42”, un drama Christopher Reeve interpretando a un periodista que por conseguir una noticia se las ve con todo un Morgan Freeman que logró su primera candidatura por este papel.

El despertar del sueño

El sueño de Golan-Goblus de convertir su productora en una de las grandes majors empezó a frustrarse a partir de 1987, cuando su situación económica empeoró de forma alarmante. Además, al año siguiente, se descubrieron una serie de importantes irregularidades en informes financieros de la empresa. En un intento desesperado por sobrevivir y sanear sus cuentas, se asociaron infructuosamente con Pathé Communications, pero tras el acuerdo, Cannon Films siguió en números rojos. Golan decidió dimitir por diferencias con Goblus y, finalmente, la compañía fue comprada por la Metro, su antigua colaboradora. La productora siguió estrenando películas, ya sin la pareja Golan-Goblus al frente, pero su actividad finalizó en 1993. Y con ella, parte de nuestra infancia mas “friki”.

Maximiliano J. Díaz