Alfred Hitchcock dijo una vez que “el problema de Ingrid Bergman era que sólo quería hacer obras maestras”. Y tal vez ese ansia de la actriz por la excelencia fue el desencadenante de una de las relaciones más apasionantes y escandalosas que hicieron temblar los cimientos de la conservadora sociedad de los años 50.

Todo empezó con una carta

Ingrid Bergman era una de las más grandes estrellas del cine. Musa del maestro Hitchcock, tenía en su haber un Oscar por su interpretación en “Luz que agoniza” y formaba parte ya de la historia del cine al haber protagonizado junto a Humphrey Bogart la inmortal “Casablanca”.

Un día, la actriz acudió al cine junto a su marido Peter Lindstrom, para presenciar la nueva película de un afamado realizador italiano. La cinta impactó profundamente en Bergman. El film era “Roma, ciudad abierta”, clásico dirigido por Roberto Rossellini. Bergman quiso saber más sobre ese director y, a medida que lo iba conociendo, su admiración iba en aumento.

Y así, en 1949, la estrella de Hollywood escribió una inocente misiva al director que desembocaría en un escándalo de proporciones inimaginables.

“Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas “Roma, ciudad abierta” y “Paisá” y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. Ingrid Bergman”.

El destinatario, inmediatamente quiso contar con aquella mujer para realizar algún proyecto juntos, siendo esa primera colaboración la mítica “Stromboli”.

El escándalo

Durante el rodaje, la química entre el director y la estrella era innegable. Un romance convertido en un secreto a voces que, tras una foto en la que ambos aparecían cogidos de la mano, terminó por hacerse público. El rumor del adulterio se extendió y la sociedad se apresuró en repudiar a la pareja.

Ingrid Bergman en

El nacimiento del primer hijo de ambos no hizo más que aumentar el escándalo, llegándose a declarar a Bergman persona non grata en territorio estadounidense.

Una semana después de que el pequeño Roberto naciera, ambos se divorciaban de sus respectivos cónyuges y en la primavera de 1950, la pareja se casaba en México.

Su vida en México

Comenzaba así, una nueva etapa en la vida de ambos, caracterizada por la austeridad y los problemas financieros.

Durante su estancia en el país azteca, Bergman y Rosellinni tuvieron a las gemelas Isabella e Isotta. Además, rodaron títulos como “Europa ’51”, “Siamo Donne”, “Viaggio in Italia”, “Giovanna d’Arco al Rogo” y “La Paura”. Todos ellos, grandes fracasos tanto a nivel comercial como crítico. Un golpe que complicó la situación económica de su familia y despertó las tensiones en el matrimonio.

La separación

Hasta entonces, Rossellini había prohibido a su mujer que trabajase para otros directores. Pero su situación económica llegó a tal punto, que terminó por dejar que Ingrid rodase para su amigo Jean Renoir “Elena y los hombres” (1956). Durante el rodaje, Rosellinni se iría a la India con una amante.

El matrimonio estaba visto para sentencia. Rossellini se había cansado de ser el señor Bergman.

Ingrid aprovechó entonces para regresar a Hollywood y rodar “Anastasia”. La hija pródiga volvía por todo lo alto y la Meca del Cine la recibió con los brazos abiertos otorgándole un segundo premio Oscar.

Roberto murió en Roma el 3 de junio de 1977. Ingrid en Londres, el 29 de agosto de 1982. Justo el día de su 67 cumpleaños. Sus cenizas fueron llevadas a Suecia. Muy lejos del panteón familiar de aquel gran director italiano de exquisitos modales que logró encandilar a la gran estrella de Hollywood.

Maximiliano J. Díaz

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