La Juventud (2015)

• Protagonistas: Michael Caine (Fred), Harvey Keitel (Mick), Rachel Weisz (Lena), Paul Dano (Mick Boyle)
• Director: Paolo Sorrentino
• Guionista: Paolo Sorrentino
• Duración: 123 min

Me acerque a ver “La Juventud” la semana de su estreno, sin haber leído absolutamente nada sobre ella y, lo reconozco, con cierta reticencia. “La gran belleza” (anterior película de Sorrentino y ganadora del Oscar a mejor película de habla no inglesa) aun gustándome, me pareció una película sobrevalorada. De ahí mis prejuicios. Pero me equivocaba. “La juventud” es de esas películas que te aceleran el pulso, te rompen un poquito y además te inyectan a la vez una mezcla de tristeza y esperanza.

Cimentada sobre dos ACTORAZOS (sí, con mayúsculas): Michael Caine y Harvey Keitel. El primero (Fred), un gran compositor y director de orquesta ya retirado, el segundo (Mick), un prolífico y laureado director de cine que esta terminando el guión de su, posiblemente última, película que el espera se convierta en su obra maestra. Ambos se reúnen, como todas las vacaciones estivales desde hace años, en un balneario suizo. Allí, rodeados de personajes tan variopintos como Maradona o Miss Mundo, recuerdan su juventud, hablan sobre lo divino y lo humano, hacen balance de sus vidas y reflexionan sobre el desvanecimiento del arte.

Alrededor de esta pareja encontramos magníficos personajes secundarios, como la súper estrella de Hollywood interpretada por Paul Dano que no quiere ser recordada y reconocida por un papel que detesta, pero que le dio la fama mundial. O la hija de Fred (Rachel Weisz), que acaba de ser abandonada por su marido y acude a los brazos de su padre en busca de la sanación. O la estupendísima Jane Fonda encarnando el papel de vieja estrella de cine en el ocaso de su carrera.

Si os digo que Sorrentino es un director grandilocuente, con gusto por lo carnal y lo desmesurado y con un claro referente en el cine de Fellini, no os cuento nada nuevo. “La Juventud” tiene todo eso y algo más. Es una película imperfecta (inevitable dada su ambición), inspiradora, onírica y surrealista a veces, mundanal otras, pero, sobre todo, una auténtica belleza. De esas bellezas defectuosas y cautivadoras que no puedes dejar de mirar.

Hay varios momentos en este film que, al menos a mí, no solo me sorprendieron, sino que me sacudieron. Uno de ellos es la conversación entre Paul Dano y Michael Caine en la que Dano comenta su decisión de no interpretar a Hitler. Otro gran momento es cuando descubrimos qué es lo que realmente sucedió con la mujer de Michael Caine , ese monólogo en el que él deja salir todo aquello que quizás no le dijo a ella en toda su vida. O cuando Harvey Keitel establece una metáfora clarificadora para hacer entender a su grupo de guionistas la diferencia entre la juventud y la madurez. Y, por último, ese momento final, en el que una prestigiosa soprano pone voz a esa canción (“Simple Song #3”) que Michael Caine escribió para su mujer…. Vello de punta. Tras salir de ver “La Juventud”, decidí empezar este blog.

Os dejo con ese tema final, nominado a los Oscar y que para mi siempre será muy especial.

 

Patricia Argüelles

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