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En los medios masivos de comunicación es habitual ver cuerpos perfectos, madres perfectas, matrimonios y familias perfectas, profesiones perfectas y vidas perfectas, lo que provoca que lleguemos a pensar que nuestra vida no es lo suficientemente buena o feliz.

La red social Instagram suma cada día 80 millones de imágenes. Según la propia compañía “el ‘exhibicionismo social’ parece haberse apoderado del mundo digital”.¿Cuántas publicaciones tristes o negativas viste en tu Facebook hoy? ¿Viste alguna foto fea en Instagram?  Las redes sociales hoy están plagadas de perfección.

 

Perfección en Redes Sociales, ¿y en la vida real?

 

Influencers, youtubers y figuras públicas aparecen a diario en nuestras pantallas y comparten, a través de videos y fotos, su vida perfecta, su trabajo perfecto, sus looks siempre perfectos, sus cafés siempre tan apetecibles o platos con pintaza y perfectamente presentados. Todo siempre es bonito, apatecible, exitoso, positivo, feliz…Todo es perfecto.

Es importante tener muy presente que estas personas nos muestran sólo esa cara de su vida; editan fotos y videos en muchas ocasiones ayudados por profesionales pero, como todos, son humanos y están llenos de debilidades e imperfecciones (incluyendo físicas). Tienen días de alegría y de tristeza, días en donde se sienten con mucha confianza y días en donde no aunque esa parte no la muestren. No existe la perfección en ningún ámbito de la vida, esa es la realidad.

 

“Postureo”: El fenómeno de aparentar ser feliz y exitoso en redes sociales

 

Una vez le dije a mi amiga Cristina “Cris, no eres perfecta. Ni lo vas a ser nunca”. Ella estaba agobiada, se autoexijía una barbaridad y por supuesto nunca nada estaba bien por que no era tal cual ella había diseñado en su mente. No era perfecto. ¿Te ves en este espejo? Yo sí, y me digo a diario lo que le dije a Cristina.

La perfección es lo que tiene: primero que no existe. Y segundo que intentarla nos bloquea, paraliza, nos hace vivir atenazados y faltos de naturalidad, nos esclaviza y en el fondo resta toda la importancia a aquello que hacemos. ¿Realmente que tiene tan de bueno la perfeccción? ¿Nos deja avanzar? ¿O nos paraliza?

La perfección despierta la arrogancia y el sentimiento de superioridad. Lamentablemente, la prepotencia de creer que nuestra manera de hacer las cosas es la mejor y que tenemos la ‘verdad’ nos aleja de nuestro objetivo. Posiblemente nos acercaríamos más a la perfección si fuéramos más flexibles y tolerantes.

 

La perfección es agotadora. Y no hay final a la vista

 

La perfección es como una lupa; magnifica algunos aspectos de nuestro día a día y como resultado, minimiza otros, por lo que limita nuestra perspectiva. ¿Que tal si disfrutamos de todo, incluida la imperfección?

Perfecto o imperfecto, hemos de ver que las cosas son todo lo buenas o malas que nuestra propia perspectiva les de, pero el hecho de centrarnos en lo que no está suficientemente bien hace que a menudo pasemos por alto o demos por hecho todo lo que sí funciona en nuestra vida.

El juego de las expectativas tiene mucho que ver con todo esto, y de la idealización que vamos interiorizando hasta hacer que ese sea el baremo de lo bueno y lo malo.

Luchar por mejorar, por progresar, y disfrutar del camino que hacemos para hacer las cosas. Quizá esto sea donde hemos de centrarnos y no en la perfección, ¿no crees?.

 

Done is better than perfect

 

Hace tiempo que descubrí esta frase y procuro tenerla siempre presente. Ser conscientes de que no será perfecto, pero aún así superar nuestro miedo al error y hacerlo. Permitirnos ser imperfectos y aún así, disfrutar de lo que somos y lo que hacemos.  Hacer y disfrutar del proceso, sin estar tan centrados en el resultado.

Se trata de aceptar que somos imperfectos y hacemos cosas imperfectas, pero aún así seguimos siendo nosotros y la vida sigue siendo maravillosa

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María Lagares